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Diciembre de 2004 - Año no. 3 - Edición no. 12

OPINIÓN

¿Existe el bien común?

 

Roberto Jesús Camargo Payares
Director Revista Publiensayos . Colombia. (22 años)

 

Aprovechando la invitación que me hizo el profesor Wilson Roca Sarmiento al seminario “Partidos políticos y democracia en el contexto latinoamericano”, organizado por la Fundación Foro Costa Atlántica y la Universidad del Atlántico, realizado a finales del mes de octubre de este año, me encontré con el placer de escuchar brillantes exposiciones acerca de la crisis política que existe, en general, en toda América Latina; no obstante, quisiera destacar una muy especial –y sé que para el lector también lo será- en la cual tuvo la oportunidad de participar como conferencista el doctor Rodrigo Losada Lara, Ph.D en Ciencias Políticas de Georgetown University (Washington), y profesor titular de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana, quien se refirió al tema: “Los partidos políticos tradicionales en Colombia: pasado, presente y perspectivas de futuro”.

Para analizar el tema de los partidos políticos en Colombia, evidentemente se debe acudir a la definición de tal, adecuar la comprensión teórica al contexto específico, y así, determinar si el fenómeno existe en el ámbito espacial y político determinado; para el efecto, el profesor Losada, apoyándose en la definición del italiano Giovanni Sartori, llega a una conclusión, que aunque causó escozor en el auditorio –e incluso en los panelistas-, revela la situación real del entorno histórico colombiano con escasas (una o dos) excepciones.

Para Sartori, partido político es toda organización política que se presenta a elecciones con el objetivo de detentar el poder y colocar a sus miembros en cargos públicos. Aunque aparenta ser una definición simple, según Losada, esta le permite con mayor precisión acercarse e incluir, en esencia, las características propias del entorno nacional; en consecuencia, en Colombia a través de su historia republicana, podríamos hablar de partidos políticos indagando el nivel del cargo público de representación popular al que acceden las organizaciones, es decir, a nivel nacional tendríamos que acudir al Congreso de la República, como máximo órgano de la representación popular, y encontramos, en la actualidad, a mas de 180 partidos políticos; a nivel local o territorial, por su parte, vemos la existencia en cada departamento del fenómeno del cacicazgo político, lo que inexorablemente, bajo el concepto escogido, cada cacique representaría un partido político; sumado a los caciques “menores” de los municipios, estaríamos en presencia de mas de mil partidos políticos en todo el país. En definitiva un multipartidismo desaforado, que a pesar de que a partir de la Constitución Política de 1991 se haya desatado, ha persistido desde hace dos siglos, e incluso durante el Frente Nacional, aunque en menores proporciones.

Por otra parte, criticó la tesis que defiende la existencia de partidos disciplinados para que exista democracia robusta. Argumenta que no existe evidencia empírica en el mundo que corrobore dicha tesis. Estados Unidos, dice Losada, no tiene unos partidos disciplinados y sin embargo, la democracia es robusta y funciona con eficiencia.

Finalmente, manifestó que el ejercicio de la política siempre consiste en la defensa de intereses particulares que se contraponen a otros de igual categoría. Así, la defensa de los derechos y oportunidades de las mujeres combaten los privilegios que tiene los hombres; los que en nombre de la igualdad propugnan los derechos de los indígenas, lo hacen contra las oportunidades que tienen los no-indígenas. En consecuencia, nadie defiende el bien común, porque precisamente “el bien común no existe”.

En ese sentido, estas ideas son de un alto contenido académico que enriquecen la discusión de la verdadera esencia de la política; y sobretodo, indiscutiblemente poseen una perspectiva pragmática de la realidad, que se adecua al ámbito político colombiano. Así las cosas, los políticos profesionales defienden intereses particulares bajo el sofisma de propugnar por el bien común. Claro está, muchas veces esos intereses son los suyos propios, y otras, los de un respectivo grupo de presión, detrás de un incentivo.

En definitiva, controversiales o no son de gran aplicación práctica. Sin embargo, tratando de interpretar el sentir del profesor Losada –bajo mi propio paradigma-, entendería la política real como el mecanismo a través del cual se busca la cohesión o convivencia de intereses particulares en conflicto. Por tanto, no existiría el bien común como objeto, sino como un estadio en el cual la política logra su cometido.

 

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Actualizado el: 26 de noviembre de 2005

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