Abril de 2005 - Año No. 3 - Edición No. 13

 

 

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ECONOMÍA

 

De la economía y secesión vasca

 

 

Juan Velarde Fuertes

España.


 

Un referente inadecuado: el estado de Israel
 

El País Vasco fue un "espoleador" extraordinario de la economía española a través de sus exportaciones del mineral de hierro preciso para el procedimiento Bessemer. También por su alta competitividad, según Flinn, en el terreno de la construcción naval y de los fletes, y por un espléndido espíritu empresarial que explica multitud de actividades españolas importantísimas. Pero también fue un freno. Lo creó Cánovas del Castillo con el modelo económico que decidió para las provincias vascas, a causa de los conciertos económicos que rompían tanto la unidad fiscal del Estado como la unidad del mercado español, así como por el proteccionismo. Lo primero se suavizó con la magnífica administración fiscal de las Diputaciones Vascas.

Ahora mismo se observa en ellas, según el "Boletín de Estadística" del Banco de España, un claro descenso en su deuda. Lo segundo, en cambio, perturbó extraordinariamente, al sumarse a ese proteccionismo una actividad cartelizadora muy favorable para las empresas vascas, pero pésima para los consumidores nacionales. Recordemos, en este sentido, desde la Central Siderúrgica de Ventas, creada por Prados Urquijo, al Consorcio Papelero, defendido, por cierto, por Nicolás María Urgoiti desde "El Sol" frente a Torcuato Luca de Tena y "ABC". Pero todo eso, con sus luces y sombras, unió a la economía vasca con mucha fuerza a la del resto de España. Para entender si esto es fácil de escindir, o no, comienza a existir alguna literatura seria. Se inicia con tres trabajos del catedrático de Economía Aplicada, Mikel Buesa. Uno es el titulado "Los sistemas regionales de innovación en el País Vasco y de Navarra" (Instituto de Análisis Industrial y Financiero de la Universidad Complutense, documento de trabajo nº 29, 2001); los otros tres, interesantísimos, y que abren panoramas muy nuevos para futuras investigaciones, son "Autodeterminación-secesión y economía. Economía política de la secesión", publicado en "Papeles de Ermua", enero 2002 y el actual de Noviembre de 2002, y "El precio de la secesión", aparecido en "Hasta Aquí", enero-febrero 2002. Debe añadirse la investigación de Alberto Abadie y Javier Gardeazábal, "The economic cost of conflict: a case-control study for the Basque Country" (National Bureau of Economic Research, w.p. nº 8478, septiembre 2001).

Gracias a él sabemos que en los últimos veinticinco años el terrorismo causó una disminución del 10% en el nivel del Producto Interior Bruto (PIB) por habitante que se hubiera podido conseguir. Se obtiene así, de la mano del profesor Buesa, uno de los mejores conocedores, junto con el profesor Molero, de los problemas del sector industrial español, y muy especialmente de todo lo relacionado con las cuestiones de productividad, competitividad, tecnología e investigación científica esta conclusión: "La competitividad de la economía vasca anota unos resultados aceptables en el momento actual, pero no suficientemente bien asentados sobre unos fundamentos sólidos en lo que concierne a la generación interna de tecnología. Por tal motivo, no sería sorprendente que las capacidades competitivas que exhibe el País Vasco pudieran deteriorarse en un horizonte de largo plazo, especialmente si alguna perturbación interior o externa diera lugar a una restricción en los recursos disponibles para financiar el esfuerzo investigador, o a una pérdida de confianza de los agentes empresariales que se reflejan en una reducción de sus inversiones". Por eso han sido oportunísimas las observaciones recientes del Círculo de Empresarios Vasco. Agreguemos, como otra cuestión fundamental, los niveles de tráfico exterior del País Vasco en 1999. Se observa que el 54,2% de las exportaciones se dirige al resto de España, y que de ahí procede el 67,7% de las importaciones vascas, con un déficit para el País Vasco que equivale al 7,2% del Producto Interior Bruto regional. Por tanto, como dice Buesa, la dependencia de la economía vasca respecto a la del resto de España es tal que la idea -expuesta al parecer por Arzallus- de que "el papel de España en las relaciones exteriores de la economía vasca es pequeño -y por tanto fácilmente prescindible- no se sostiene. Más aún -concluye Buesa-, ha de afirmarse que, en la perspectiva de la actividad económica, a los vascos nos hace falta España". Es indudable que la pretendida secesión vasca se plantea permaneciendo en la Unión Europea. No va a ser fácil. Véase el trabajo de Andrés Ortega y José María de Areilza en "Claves de Razón Práctica", marzo 2000, "Excisión y permanencia en la UE. Aproximación a un marco teórico sin precedentes", contenidos que también se recogen en este número de "Papeles de Ermua".

Queda clara después de su lectura, que lo infinitamente más favorable en caso de tal secesión sería el veto español a su incorporación inmediata, a lo que seguiría una larguísima negociación. En lo económico, la catástrofe acecharía por éstos y otros muchos motivos, desde los serios problemas energéticos, que se agravaron para el País Vasco con los atentados y cierre de Lemóniz, al efecto sede que impulsaría la acción de multitud de realidades empresariales. Nada digamos del posible retorno a una moneda ajena al euro, lo que podría facilitar inflaciones o bien, como sucedió con la II República y la política de Carner y Chapaprieta, para buscar el mantenimiento de la cotización de la moneda propia, con el fin de no provocar una colosal fuga de capitales, subidas de tipos de interés y duros efectos en el empleo y la actividad, porque una moneda así sería pasto de los especuladores.

Solamente existe en Occidente un Estado creado en condiciones traumáticas: Israel. Hoy Israel, a pesar de la formidable ayuda que recibe, exhibe una caída, en tasa anual del Producto Interior Bruto del 1,7%; un descenso en la producción industrial del 1,8%; una inflación del 6,2%; un déficit comercial del 6,1% y otro del 2,3% en la balanza corriente; una caída del cambio respecto al dólar; tipos de interés dobles a los de la zona del euro y, según el American Express Bank, una deuda pública que supera el 100% del PIB.

Eso sería poco al lado de lo que ocurriría en el País Vasco, sin gran solidaridad internacional ni aceptación de tamaños sacrificios por buena parte de una población que contemplaría, sin ir más lejos, la espléndida realidad de una Navarra inserta en España y Europa. La Historia no apoya esa secesión, pero la economía, tampoco. Los chapelchiquis de "Momentum catastrophicum" el delicioso relato del escritor vasco Pío Baroja, se frotan las manos, y hunden al país.

 

Tomado de www.basta.org

 

     

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Actualizado el: 26 de noviembre de 2005

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